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La nueva museografía del Nacional de Antropología (I): aspectos jurídicos

1.- La museografía como realidad extrajurídica.

La museografía es una huérfana jurídica. No tiene ninguna genealogía. Aparece sin ningún procedimiento, sin la aplicación de norma alguna. “El museo”, ni siquiera está regulado qué órgano la establece, la aplica sin más. De repente un cuadro deja de estar en un sitio para pasar a otro con una nueva cartela. Sin ninguna formalización frente a terceros, no hace falta ningún tipo de documento ni de motivación. Nada obliga ni siquiera a que conste por escrito: una llamada telefónica, una conversación, y la obra puede presentarse, por ejemplo con una nueva cartela, de forma válida. Y ya está, jurídicamente es como si este proceso no hubiera existido. La museografía es ajena al Derecho. No surge de ninguna norma que diga cómo debe ser, no hay establecidas condiciones para su definición y aplicación y, por tanto, tampoco es recurrible.

Es completamente lógico que sea así.

El Derecho impone procedimientos cuando algo está en juego, normalmente derechos o intereses legítimos de los ciudadanos. Cuando se va a obligar a alguien a hacer algo o no se le va a permitir tal cosa, es normal que la Administración tenga que llevar el asunto de forma ordenada y con todas las garantías. Por eso hay una norma que contempla el asunto, un procedimiento para decidir, y unos recursos contra lo decidido. Pero, en principio, decidir si sacamos del almacén este cuadro o este otro y lo ponemos en la pared norte o en la pared sur con tal o cual cartela no afecta a los derechos o de nadie. El Decreto que crea el museo dice que éste debe mostrar su colección y ya está. La museografía es una actuación material -completamente libre- que hace eso.

Hasta ahora no había problema porque las museografías eran simplemente museografías. Es decir, pretendían, efectivamente, mostrar las piezas de las que dispone el museo de acuerdo con criterios profesionales. No había entonces ningún motivo para establecer procedimiento y recursos. Pero en los casos de las nuevas museografías del Arqueológico Nacional o de América nadie dirá que se trata simplemente de “exponer de forma ordenada sus colecciones”, en feliz expresión del Decreto que regula el segundo.

En la museografía tradicional, la cartela de una pieza dice que tal cuadro es un óleo sobre lienzo pintado por tal autor en tal época. Pero en las nuevas museografías propuestas la cartela informará de que pieza es un ejemplo de la dominación colonial española o del apoyo de la Iglesia a esta dominación. Y esto no son inocentes y asépticos mensajes técnicos.

Porque estas nuevas museografías tienen un indudable componente político. No quieren enseñar objetos, sino transmitir mensajes. Por eso han sido ordenadas directamente por el responsable político, por el ministro. Para que la museografía traslade determinadas ideas a la forma de presentar la exposición permanente del museo.

Y claro, la cosa cambia. Esto ya no es decidir si pongo un cuadro en la pared norte o en la pared sur. Esto ya es estudiar si el ataque a la Iglesia católica es más efectivo en la planta primera, en la segunda, con esta imagen o con esta otra, y con tal o cual redacción de la cartela. La museografía significa ahora establecer qué tipo de audiovisual debemos poner para reforzar la apología de las doctrinas marxistas.

Una agrupación de partidos a la izquierda del PSOE, Sumar, ocupó el Ministerio de Cultura desde finales 2023. Fue una de las condiciones del pacto con los socialistas para que éstos pudieran formar Gobierno. En las elecciones Sumar obtuvo el 12 por ciento de los votos. Cuando esto se escribe, principios de 2026, la formación está al borde de ser extinguida para ser sustituida por otra nueva. En las elecciones autonómicas de ese año no obtiene ningún escaño en varios comicios.

Aun así, Sumar intenta imponer su ideología en las nuevas museografías. En el caso del Museo de América, se detalló la bibliografía en la que se apoyaba la propuesta. Pues bien: resulta que nadie que no fuera como mínimo marxista tenía nada que decir. No se tiene en cuenta no ya a “la derecha”, es que no se considera ni a autores socialistas. Es que ni siquiera son relevantes las opiniones… ¡de los autores de la época de la cual se está haciendo la museografía! Lo que un Bartolomé de las Casas escribiera da igual. Lo importante es lo que un marxista opina de los textos de Bartolomé de las Casas.

Esto es todo lo humanamente comprensible que se quiera, sí. Si se encarga la museografía a unos jesuitas pues lo lógico es que hagan “su” relato. Para eso son jesuitas, claro. Lo mismo sucedería si se encomienda a militares o a economistas. Sumar no hace nada distinto de lo que haría cualquier colectivo que cree en algo: tratar de aplicarlo.

El verdadero problema es la ausencia total de regulación de la introducción de una nueva museografía, cosa muy lógica si es una actuación profesional como antaño, pero no tanto si es una actuación política como sucede ahora. La ausencia de regulación significa que el campo es llano y despejado. Se puede hacer lo que se quiera y como se quiera. Todo es legal y admisible. Nadie encontrará un solo precepto que impida al director del museo poner una foto hecha por inteligencia artificial diciendo que la Iglesia fue una salvaje, que lo fueron los sioux, o que todos fueron maravillosos. Da igual. La libertad es total, no hay ningún límite.

El problema es importante. Museos medianos se van fácilmente a unos 100.000 visitantes al año, muchos de los cuales son escolares. Una museografía puede durar años, décadas. Y al final resulta que se transmitido el mensaje a millones de personas. Un mensaje que es muy difícil contradecir. Una idea expresada en un libro puede ser criticada por otro libro. Pero quien no está de acuerdo con lo que se dice en un museo no puede construir otro museo.

Nunca se han regulado ni el procedimiento de elaboración de las museografías, ni su contenido, ni cómo recurrirlas porque, como hemos señalado, se consideraban simples actuaciones materiales que no podían infringir norma alguna. Pero desde luego las nuevas museografías agresivas que buscan imponer conceptos claro que desde luego pueden infringir el ordenamiento jurídico. Vamos con el caso del Nacional de Antropología.

2.- La participación como elemento clave.

2.1 Marco general.

Es palmario que en el proceso de elaboración de las nuevas museografías de los Museos de América y de Antropología ha habido una total ausencia de participación. Ha faltado la participación “de verdad”, por decirlo así. Es decir, no se ha presentado formalmente un proyecto a la sociedad ante el cual, dentro de un plazo determinado, se pudieran hacer alegaciones. Que alguien pudiera pedir en micrófono en una conferencia sobre el tema es muy loable. Pero eso no es poder opinar sobre un proyecto concreto que organiza íntegramente la exposición permanente de un museo, que es de lo que se trata.

La idea de participación y sus asociadas -diálogo, inclusión, etcétera- son esenciales en la propia idea de museo. Forman parte de su propia esencia. Es difícil encontrar un texto -si es que existe- que hable de estas instituciones sin referirse a los conceptos citados. La propia definición de museo del ICOM dice que éste es “una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.”

Se podrían encontrar decenas, cientos de textos, hablando del papel esencial de la participación en los museos y en la cultura.

De hecho, toda la renovación museográfica viene del Plan de Derechos Culturales 2025-2030 que habla en su punto 60 de la actualización de la museografía del Museo de América y del Museo Nacional de Antropología. Y dice: “Esta cuestión requiere de un acercamiento simbólico y real, y de espacios de pensamiento multidisciplinares que fomenten la investigación, el intercambio de saberes y el diálogo, con especial atención a la participación de aquellas comunidades afectadas por las políticas coloniales”. Por tanto, “Se revisarán desde una perspectiva crítica y participativa las narrativas coloniales de colecciones, exposiciones y relatos institucionales”. Bueno, pues en la nueva museografía ni intercambio de saberes, ni diálogo, ni participación de las comunidades afectadas, ni tampoco de las no afectadas. La museografía se ha hecho sin escuchar.

Entre incontables normas, puede seleccionarse a efectos de recurso una particularmente expresiva. Se trata del Convenio marco del Consejo de Europa sobre el valor del patrimonio cultural para la sociedad, hecho en Faro el 25 de octubre de 2005. Fue ratificado por España el 14 de junio de 2022 (Boletín Oficial del Estado 17 de junio del mismo año) por lo que es de obligatorio cumplimiento en nuestro país. Pues bien, el artículo 12 de este Convenio es rotundo. “Las Partes se comprometen a:

a) Impulsar la participación de todos:
– En el proceso de determinación, estudio, interpretación, protección, conservación y presentación del patrimonio cultural;
– en el proceso de reflexión y debate públicos sobre las oportunidades y los retos que el patrimonio cultural representa.
b) tomar en consideración el valor que cada comunidad patrimonial atribuye al patrimonio cultural con el que se identifica”.

    Parece indudable que estos criterios son totalmente aplicables a las nuevas propuestas museográficas como las que han puesto en marcha los Museos Nacional de Antropología y de América. De aquí se seguiría que es deber de estas instituciones, por tanto, abrir una fase participativa reconocible como tal. El tenor literal del Convenio, obligatorio en España, exige “impulsar la participación de todos” en el proceso de “presentación del patrimonio cultural” y “en el proceso de reflexión y debate públicos sobre las oportunidades y los retos que el patrimonio cultural representa”. También se debe “tomar en consideración el valor que cada comunidad patrimonial atribuye al patrimonio cultural con el que se identifica”, cosa que no ha hecho el Museo Nacional de Antropología (ni el de América).

    2.2 La lógica del sistema.

    El papel central de la participación no deriva de la retórica, de que quede muy bien esgrimir esta idea. La participación es esencial porque la cultura es frecuentemente algo endogámico y pasional. Por eso es clave abrir las ventanas para permitir la entrada de nuevos aires.

    La cultura está muy cerca de la identidad colectiva y por tanto de la política. Un grupo tiene una identidad porque, entre otras cosas, tiene una cultura. Muy frecuentemente un hacha o unas palabras en una vasija no son solo eso, un hacha o unas palabras en una vasija. Son elementos que habilitan el salto al “somos” colectivo que “merece”… Los estudios no tienen base científica, evitan cualquier influencia exterior, y se convierten en panegíricos de lo singular, por nimio que sea.

    En el otro extremo, en el individual, el exceso de vocación puede constituir un verdadero problema. Una persona que lleva años en un museo y llega a la dirección puede estar tan apasionado con el mensaje que quiere transmitir que no tiene oídos ni para nada ni para nadie. Este efecto no se diluye con los grupos de trabajo. Por regla general -lo que es humanamente comprensible- se constituyen con afines. Y pueden terminar siendo coros, más que instrumentos de generación de ideas.

    La participación siempre es conveniente, pero en el caso de la cultura es un elemento central. Es algo fundamental para contrarrestar la tendencia pasional que pueden tener los aspectos culturales. Y apuntemos una peculiaridad más.

    En el actual sistema español la participación de los ciudadanos en la elaboración de las disposiciones generales se base en que el organismo público anuncia la elaboración de una nueva norma o publica la propuesta y cualquier persona puede presentar sus opiniones. Pero esas opiniones no se difunden. Si se va a hacer un nuevo reglamento de eficiencia energética de los edificios se pueden hacer observaciones al proyecto, pero no saber lo que han dicho los demás.

    Si algún día se regulara la participación en la elaboración de la nueva museografía sería interesante que sí se pudieran conocer las diferentes opiniones. Esto obviamente sería enriquecedor. En los casos de América y Antropología tenemos museografías que en varios puntos no tienen absolutamente ninguna motivación, como después ejemplificaremos. Es una nueva museografía que no tiene otro criterio que la voluntad política de un equipo directivo.

    No parece necesario insistir mucho en que, frente a esto, sería mucho mejor una museografía fundamentada y contrastada con las opiniones de la Real Academia de la Historia, universidades, asociaciones y, en general, los criterios de todos los interesados en el tema. Opiniones que se publicarían en una única web -eventualmente con un foro de debate- de forma tal que fuera sencillo localizarlas. Esto sería haber un debate enriquecedor sobre la museografía.

    Creemos por tanto que la participación en la elaboración de nuevas museografías debería abordarse dando un paso más allá de lo establecido actualmente. La norma que estableciera un procedimiento de elaboración de esos documentos debería establecer no solo la posibilidad de participación, sino la publicidad de la misma, en el sentido de que todos los interesados deberían poder conocer el contenido de todas las observaciones presentadas.

    3.- Otras infracciones del ordenamiento jurídico.

    La nueva museografía del Nacional de Antropología ha sido ya sacada a licitación. Apareció en el Boletín Oficial del Estado de 28 de enero de 2026: “Contrato mixto de Servicios y Suministro del diseño y ejecución del suministro de fabricación e instalación de la exposición permanente del Museo Nacional de Antropología. Expediente: 25/227 SU.”

    La licitación de este contrato ha puesto de manifiesto importantes precisiones en la aplicación de la nueva museografía que, en nuestra opinión, pueden ser contrarios al ordenamiento jurídico.

    – Infracción del principio de neutralidad religiosa. El pliego de condiciones técnicas de contratación (anexo I programa museográfico, UTE 1.2.4, página 5) se pregunta: “La evangelización: ¿instrumento de dominación?”. Y se responde: “Representaciones, objetos y documentos que muestran cómo la evangelización actuó como instrumento de expansión colonial. Panel con pinturas y vitrina”. Pregunta y respuesta no son desde luego teóricas. Significa que en la exposición permanente del Museo Nacional de Antropología tiene que haber un módulo que presenta la evangelización como instrumento de dominación. Y el contratista tiene que construir físicamente ese módulo. Es decir, quien gane el contrato tiene que buscar elementos que muestren que sí, que la evangelización fue un instrumento para dominar el nuevo continente.

    Lo cual puede ser, y en el caso del Museo Nacional de Antropología creo que es, contrario al principio de neutralidad religiosa. Acudamos a la frialdad de la inteligencia artificial para comentarlo.

    Chat GPT nos dice que el hecho de que un museo público presente una exposición con una visión crítica de la evangelización no implica que esté atacando a la Iglesia católica ni vulnerando la neutralidad religiosa. La neutralidad del Estado (art. 16 CE) implica no favorecer ni discriminar ninguna confesión religiosa, no evitar toda referencia histórica o crítica. Sí podría cuestionarse la neutralidad si:
    – Se hiciera burla, juicio doctrinal o condena explícita de una religión actual.
    – Se atribuyeran intenciones absolutas y actuales a instituciones religiosas.
    – Se ocultaran otros enfoques históricos o se impusiera una visión ideológica única.

    Y claro, es cierto que muchos antropólogos han estudiado la evangelización como parte del proceso de control colonial. Pero no es la única línea de análisis existente. Existen también enfoques que analizan:
    – procesos de mestizaje cultural y sincretismo religioso,
    – agencia de los pueblos indígenas en la asimilación, resignificación o resistencia a lo cristiano,
    – y también la acción de misioneros que actuaron en defensa de las poblaciones nativas.

    Si el discurso expositivo omite sistemáticamente estos otros enfoques, podríamos decir que la exposición incurre en una visión reduccionista, más ideológica que académicamente plural.

    Hasta aquí la opinión de la inteligencia artificial, que parece bastante razonable. Los museos tienen la función de interpretar fenómenos históricos, incluso los más complejos o conflictivos, pero desde distintas perspectivas. Si solamente se adopta un planteamiento cuando hay varios posibles, entonces no se busca el debate y la verdad, sino la imposición partidista.

    Es de suponer que no hace falta profundizar en el hecho, obvio, de que la evangelización es materia susceptible de diversos enfoques. Por ejemplo, no está de más recordar que la sustitución de unas deidades por otras tuvo como consecuencia que se dejara de extraer el corazón a niños vivos, por citar lo más obvio y espectacular. Pero hay otros muchos aspectos en los que la evangelización tuvo aspectos positivos. El mundo debe el concepto de derechos humanos, por citar otro caso, a la labor evangelizadora española. Hay muchos relatos posibles, como muestra incluso el cine: es el caso de la conocida película “La Misión”.

    Lo obvio: un proceso de 400 años llevado a cabo en cientos de miles de kilómetros cuadrados por decenas o cientos de miles de personas tiene inevitablemente muchas facetas. Desconocer esto para imponer solamente una lectura -que es la derivada de la ideología el partido que rige el Ministerio de Cultura- es contrario al principio de neutralidad ideológica.

    Y hay algo que destaca sobremanera en el criterio de desprestigiar a la Iglesia católica. Carece de toda argumentación o de referencia a fuente documental alguna. Es un elemento totalmente gratuito, basado en el simple criterio de los autores de la propuesta museográfica a saber por qué razones. El documento no explica por qué la Iglesia se supone que fue un instrumento de dominación ni cita libro alguno en el que se sustente tal tesis. Se dice que es así y basta. Es una decisión voluntarista y política, por no decir simplemente arbitraria, que se toma sin motivación alguna.

    – Aspectos técnicos contractuales. Para licitar un contrato de servicios hay que acreditar, lógicamente, la insuficiencia de medios propios para llevar a cabo la tarea objeto del propio contrato. No tiene sentido acudir a terceros cuando es posible que la tarea la haga la propia Administración.

    Resulta francamente sorprendente que diseñe la museografía una empresa cuando el Ministerio de Cultura cuenta con cientos de Conservadores de Museos, una parte de los cuales están destinados en el Museo Nacional de Antropología. Entonces, ¿por qué no tiene “medios”?

    Porque quien licita el concurso no es el Ministerio de Cultura, sino la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de Cultura que, claro, no tiene personal especializado en la materia. Porque la Gerencia se creó para hacer obras, y por eso, porque se creó para hacer obras, no tiene personal especializado en museografía. Ni tampoco tiene sentido que la contrate.

    El fraude de Ley es evidente.

    El Ministerio de Cultura se comporta como esos grupos empresariales que son lo mismo pero que, en función de su conveniencia, hacen la factura con una empresa o con otra. La museografía, obviamente, se hace para un museo dependiente del Ministerio de Cultura, pero no contrata el Ministerio de Cultura como tal sino que utiliza una filial -por decirlo así- para hacerlo. Y de este modo se salta materialmente el requisito de insuficiencia de medios. A pesar de tener cientos de Conservadores en plantilla, resulta que el trabajo tiene que hacerlo una empresa. Y se logra utilizando el burdo formalismo de utilizar a la Gerencia para contratar museografías.

    Para mí estamos ante una cierta desconsideración hacia el Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos. Y, naturalmente, también es una falta de respeto para el ciudadano, cuyos recursos no se gestionan con la debida diligencia.

    4.- Otras consideraciones.

    Las posibles infracciones del ordenamiento jurídico en las que puede incurrir la nueva museografía del Nacional de Antropología no constituyen, naturalmente, un listado cerrado de motivos de impugnación. Una museografía puede ser jurídicamente discutible por otras muchas razones. Por ejemplo, una carátula describiendo el comportamiento de una persona puede implicar un conflicto en materia del derecho al honor, por mucho que predomine un interés histórico, científico o cultural relevante.

    También hay que tener en cuenta que sí pueden existir en algunos casos vías a través de las cuales se puede impugnar la museografía. El caso citado del derecho al honor puede ser un buen ejemplo, ya que su defensa puede hacerse por procedimientos específicos. Si la museografía sale a licitación, pueden emprenderse las acciones previstas en materia de contratación pública. Acciones muy limitadas en este caso ya que, entre otras cosas, solo pueden emprenderlas los interesados.

    Pero las acciones puntuales en aspectos impugnable concretos, claro está, no son suficientes. Lo que aquí se plantea no es una cuestión menor ni meramente técnica, sino un problema de alcance institucional: la ausencia de cualquier cauce jurídico que permita someter a contraste, debate y control una actuación que, bajo la apariencia de mera museografía, está llamada a proyectar durante años un determinado relato cultural a cientos de miles de ciudadanos. Cuando la museografía deja de ser una actuación neutra para convertirse en un instrumento de instauración de conceptos e incluso de orientación ideológica, ya no puede permanecer al margen del Derecho. Resulta imprescindible, por tanto, establecer mecanismos que garanticen la participación efectiva, la pluralidad de enfoques y la posibilidad de revisión, evitando que decisiones de tan amplio impacto queden al albur exclusivo de la voluntad coyuntural de los responsables políticos. Solo así podrá asegurarse que los museos públicos cumplan verdaderamente su función de servicio a la sociedad y no se transformen en vehículos de imposición de un discurso único.

    Polémica en el British Museum por la inteligencia artificial

    El 27 de enero de 2026 el British Museum publicaba un aparentemente inofensivo post en Facebook y en Instagram. Una joven de perfil contempla diversas exposiciones del museo. El pie de foto decía: «Tomarse el tiempo para mirar más de cerca siempre merece la pena», con el hashtag #YourMuseum. La joven viste atuendos de distintas culturas, coherentes con lo que está observando.

    Hasta aquí todo aparentemente normal. Pero las protestas fueron inmediatas. A las seis horas el Museo tuvo que retirar el post. La razón es que las imágenes habían sido hechas con inteligencia artificial.

    ¿Y por qué es inaceptable para algunos el uso de la inteligencia artificial?

    Una de las principales críticas del anuncio ha sido Steph Black, arqueóloga y estudiante de doctorado en la Universidad de Durham, 200.000 seguidores en Instagram, 345.000 en Facebook. Su rechazo, con miles de “Me gusta” lo explica de esto modo: “Y sí, es así de grave cuando una de las instituciones culturales más importantes del país publica basura generada por IA en lugar de invitar a personas reales, vivas, de esas comunidades, a vestir su ropa tradicional en las galerías”.

    Y añade Steph Black: «Creo que están tanteando el terreno para ver cuán dispuesto está el público a aceptar imágenes de IA para luego despedir o no contratar a creativos y profesionales», añadió en un correo electrónico. «Creo que es un ahorro de costes.»

    Por su parte, el Museo Británico declaró que comparte contenido creado por usuarios que utilizan la inteligencia artificial. Y está preparando un protocolo sobre la utilización de esta nueva tecnología.

    Como prácticamente siempre, el tema no es nada sencillo. En este mismo caso es muy fácil decir que se utilicen personas reales, pero lo que no es tan nimio es hacerlo. Hay que cerrar las salas del museo para el rodaje, fabricar los vestidos, contratar modelos y maquillaje, contratar cámaras profesionales y montar y editar el producto. Y algo que se puede hacer con un coste cero pasa a significar decenas de miles de libras. Decenas de miles de libras con las que probablemente puede contar el British Museum, pero que desde luego no tiene el Museo Sefardí si quiere por ejemplo recrear en un video con personajes reales una fiesta judía para explicar la parte de su colección que se refiere a ella.

    No es tan simple por tanto como dejar de utilizar la inteligencia artificial porque puede destruir puestos de trabajo. El triunfo de estos planteamientos en el British Museum no parece que vaya a ser definitivo ni muchísimo menos. Es un episodio en un proceso que promete ser largo hasta que se llegue a un modelo estable o por lo menos relativamente estable. Los museos no pueden actuar como si la inteligencia artificial no existiera. No pueden renunciar a un instrumento potentísimo para cumplir sus funciones esenciales, una de las cuales es la difusión de las colecciones. Aunque deben hacerlo, claro está, sin arrasar con las situaciones humanas y profesionales existentes.

    Hasta ahora las declaraciones internacionales que abordan el tema en museos introducen declaraciones generales y recomiendan crear grupos de trabajo. La huelga de los guionistas de Hollywood motivada por el uso de la inteligencia artificial en su actividad, mostró que pueden existir puntos de equilibrio. Caso a caso, es de esperar que con el tiempo se lleguen a esos necesarios protocolos que definan en los museos los espacios de encuentro entre el uso de la inteligencia artificial y el trabajo humano.

    El Louvre busca director/a de Escultura

    Se suponía que Sophie Jugie, directora de Escultura del Louvre, iba a ser renovada hasta su jubilación, prevista para dentro de dos años. Pero, para sorpresa general, el 5 de enero se anunciaba que no, que Jugie no seguía en su puesto.

    Eso a pesar de sus aparentemente excelentes cualidades. En un gesto absolutamente inhabitual, todos los trabajadores del departamento de Escultura firmaban el 7 de enero una carta de apoyo a su directora. Entre otras cosas afirman: “Sophie Jugie ha dirigido el departamento durante una docena de años para gran satisfacción de su equipo y socios, gracias a sus notables habilidades científicas y museográficas, así como a su extrema atención a las relaciones humanas y a los temas de gestión. No entendemos las razones que podrían haber motivado tal decisión, cuando a menudo ha señalado los resultados positivos del trabajo del departamento (uso del presupuesto, tasa de inventario, excelente mantenimiento de las salas, éxito de las exposiciones celebradas, diversidad de publicaciones, adquisiciones notables, restauraciones espectaculares, como el Arco del Carrusel o la puerta del Palacio Sganga, generosidad de préstamos, como en el caso de ‘gótico’)”.

    Este hecho ha producido que el Museo del Louvre busque nuevo director/a de Escultura. A veces la clave de las cosas se encuentra en lugares insospechados. En la rutinaria y burocrática oferta de trabajo que publica su web, el Museo el Louvre nos da claves esenciales acerca de lo que está pasando.

    ¿Qué se espera que haga la nueva dirección?

    “En línea con el proyecto Louvre Nouvelle Renaissance, los retos para el Departamento de Escultura se centran en la definición de una nueva estrategia para la presentación de las colecciones, que se centrará especialmente en:

    – el rediseño del itinerario que tiene como objetivo ofrecer una lectura más transversal de las colecciones mediante la asociación de las distintas escuelas nacionales,
    – una asociación de colecciones de escultura con las pertenecientes a otros departamentos para ofrecer una visión cruzada sobre la historia del arte y sobre temas específicos,
    – el fortalecimiento de acciones de mediación de todo tipo para compartir mejor las colecciones del departamento con el público”.

    Esto implica una revolución completa de la museografía del área de escultura.

    El Louvre fue creado, en buena medida, para explicar qué es una nación. Ahora expresiones como “Francia” o “España” nos parecen perfectamente normales, pero en el siglo XVIII no era así. En el siglo XVIII todavía no se es “español” o “francés”. Hay un rey que es el que manda. Se obedece a una persona, no a un Estado. Los revolucionarios franceses de finales del siglo XVIII han terminado con eso, ya no hay rey, han instaurado una República. Pero tienen que explicar eso a gente para la que las nuevas ideas son totalmente desconocidas. Y para hacer entender que ahora hay una nación francesa organizada en un Estado que organiza la convivencia, surgen instituciones como el Louvre.

    Por eso todavía hoy el criterio expositivo básico del Museo es el nacional. Las galerías muestran pintura francesa, italiana o española. La nación es el criterio fundamental que está detrás de la exposición. Solo cuando ha habido una reforma reciente el planteamiento cambia. Esto ha sucedido por ejemplo en el caso de la Galería de los Cinco Continentes, inaugurada en diciembre de 2025, que expone las piezas con criterios temáticos y transversales.

    La nueva dirección de Escultura tiene que liderar un cambio histórico. Tiene que redefinir la museografía, rediseñando el itinerario y asociando las colecciones de escultura con las pertenecientes a otros departamentos. Debe ser capaz de implantar el proyecto Louvre Nuevo Renacimiento, un proyecto que no está definido a nivel práctico. Nadie sabe todavía qué tendrá a su lado en unos años las esculturas que ahora se muestran agrupadas por las naciones que las generaron. Esa definición es, precisamente, lo que se espera que contribuya a hacer quien lleve las riendas del departamento de Escultura.

    No sorprende entonces que una de las actividades de la dirección -actividad nueva, claro está-, es la “Gestión estratégica del departamento”, que consiste en definir y gestionar el proyecto de departamento compartido, y liderar el trabajo colectivo del departamento y su cooperación con otros departamentos de conservación y departamentos transversales. Además de esto se espera que la dirección gestione las actividades tradicionales del departamento: conservación de la colección, difusión… Pero, significativamente, la primera actividad que abre el listado de las tareas de la nueva dirección es la gestión estratégica del departamento.

    Probablemente por eso no sigue Sophie Jugie. Probablemente nadie como ella llevaría el inventario de obras, la política de préstamo y depósito, o la política de mantenimiento y restauración de la colección, por ejemplo. Pero es que ahora eso no es lo prioritario. Es importante, sí, claro, desde luego. Sin embargo, los tiempos no son los de una especialista en escultura pura. Son los tiempos de la estrategia, de nuevos enfoques.

    Lo cual se plasma claramente la candidatura buscada por el Louvre. El perfil deseado de la nueva dirección, dice el Museo, es:

    – Reconocida experiencia en el campo de la escultura, especialmente por las colecciones que posee el Museo del Louvre;
    – Capacidad para elaborar una estrategia, gestionar proyectos y coordinar actividades;
    – Capacidad para supervisar y liderar un equipo;
    – Dominio de las normativas y procedimientos relativos a fondos y colecciones en el ámbito patrimonial (conservación, adquisiciones, etc.);
    – Conocimiento del entorno administrativo, legal y financiero (normativas, procedimientos, contactos, etc.) del Museo del Louvre y del Ministerio de Cultura.

    El perfil que se espera del futuro director/a de Escultura es así plenamente coherente con esa idea de planificación estratégica en el marco del proyecto Louvre Nuevo Renacimiento. La capacidad de diseñar el futuro es esencial. Pero el detalle nos dice algo importante: también cuenta la capacidad de implantar ese futuro. Se espera que la persona que lleve la dirección sepa… mucho Derecho y mucho sobre el “papeleo”, sobre procedimientos administrativos y gestión burocrática.

    Estos requisitos no dejan de ser sorprendentes por su novedad. Normalmente se incide en otros aspectos. En nuestro Reina Sofía, por ejemplo, para cubrir el puesto de dirección, además de los tradicionales méritos en gestión artística y conocimiento del arte, se ha valorado la innovación, la digitalización, la sostenibilidad y la conexión con las agendas internacionales. Así, el perfil directivo esperado debía combinar la excelencia en la conservación y difusión del patrimonio artístico con habilidades para afrontar los desafíos contemporáneos (tecnológicos, sociales y medioambientales) en el ámbito museístico.

    Frente a esto, en el Louvre constituye un mérito el expediente, el oficio o la certificación. Lo cual tiene más lógica de la que parece. La nueva dirección no hereda una colección de escultura que se va a quedar donde está y como está. Es una colección que hay que mover e integrar con otras colecciones. Y esto, en el ámbito público, se hace con su propio lenguaje, un lenguaje que hay que dominar. Lo público está plagado de condicionantes, de normas específicas que dicen cómo se hacen o no se hacen las cosas. Los temas nunca se resuelven solo con un teléfono y un correo, como puede pasar en el sector privado. Todo lleva un expediente, un contrato con reglas concretas de tramitación, o… Lo público tiene su propia liturgia. Y si tienes que reubicar una colección o coordinarte con otras instituciones y órganos públicos, es fundamental dominarla.

    Cosa que, por cierto, muy frecuentemente se olvida entre nosotros. Los aspectos legales y administrativos suelen ser infravalorados, y eso cuando se tienen en cuenta. Sin embargo, como muestra el Louvre, son absolutamente esenciales para llevar a buen puerto las mejores iniciativas, que sin ellos pueden ser simplemente aire.

    En definitiva, la reestructuración del Departamento de Escultura del Louvre ilustra de forma elocuente cómo el perfil profesional en el Museo se ha desplazado del especialista clásico hacia el estratega institucional. No basta con saber de arte: hay que saber transformar estructuras, coordinar con otros y moverse en la complejidad de lo público para definir una nueva museografía. La dirección de un museo ya no se mide solo por el conocimiento de una colección, sino por la capacidad de redefinirla, articularla y sostenerla administrativamente en un nuevo marco cultural y político.

    ¿Se quedará el nuevo perfil profesional dentro de una coyuntura, de la necesidad de implantar el proyecto Nuevo Renacimiento, o saldrá de los muros del Louvre espacial y temporalmente para definir un nuevo estándar en la dirección museística? Como tantas otras veces, solo el tiempo lo dirá.

    Nueva museografía del Museo de América: una opinión

    1.- Las fuentes.

    El proyecto de renovación museográfica del Museo de América tiene la honestidad de detallar los autores se inspira. Las propuestas que se adoptan se apoyan en una bibliografía que se hace explícita en el propio documento. Fijémonos, a título de ejemplo, en cuatro autores cuyas obras tienen peso, y en algunos casos mucho, en la nueva museografía.

     – Aníbal Quijano. Sociólogo marxista. Quijano se comprometió con diferentes frentes de lucha contra el gobierno militar. Cofundador del Movimiento Revolucionario Socialista. También cofundador de la revista «Sociedad y Política», de la que Quijano fue director desde el primer número (1972) hasta el último (1983). La revista se declaró marxista, socialista y revolucionaria, sin vinculación a un grupo político específico y abierta a la participación de toda la izquierda revolucionaria peruana. Parece que también dirigió la revista “Revolución Socialista”, en la que se publicaba artículos anónimos: es de imaginar lo que dirían cuando no se firmaban.

     Daiana Nascimento dos Santos. Miembro del Partido Comunista de Brasil. Llegó a afirmar con orgullo que, a ojos de sus detractores, es una “tríplice desgraça” (triple desgracia) “por ser preta, por ser comunista e por ser sapatão”, es decir, negra, comunista y lesbiana.

     Donna Haraway. Es conocida por el ensayo «Manifiesto para cíborg: ciencia, tecnología y feminismo socialista en los años 1980». Para que no hubiera dudas, lo publicó en “Socialist Review”, la revista del Partido Socialista de los Trabajadores de Gran Bretaña. Partido que por cierto incidió en el tema colonial. Parece que a la tendencia toskista del partido le preocupa mucho saber por qué el dominio de varias potencias imperiales se había sustituido por capitalistas Estados burocráticos. Es que León Trotski predijo revoluciones ininterrumpidas o permanentes, y no fue así.

     Walter Mignolo. En 2008 tuvo un encuentro con Pablo Iglesias, Jesús Espasadín e Iñigo Errejón: “Compartimos la preocupación por el presente, compartimos nuestra crítica a las formas de vida y deseos regulados por el mercado y controlados por el Estado y las armas, aunque ponemos el acento en distintos aspectos de la matriz colonial de poder”. Tiene su propia definición de descolonizar que no se termina de saber cuál es, ya que es de estos autores que utilizan una terminología absurda y vacía que no quiere decir nada. Así define un aspecto clave de su construcción: “La exterioridad es el afuera en la conceptualización imperial, y la exterioridad del cuerpo marginado, en el cual se genera la doble conciencia, el estar y no estar, el ser y no ser en relación, en el diálogo conflictivo en el discurso imperial que asigna sentido y discurso descolonizador que re-articula y re-orienta. Pues ese es el lugar donde comienza a germinar la opción descolonial (epistémica, política y éticamente)”.

    Hasta aquí los ejemplos de autores que inspiran la reforma propuesta.

    Que nosotros sepamos en el proyecto de nueva museografía del Museo de América, solo hay autores pertenecientes a este espectro. Un espectro que no es que sea genéricamente de izquierdas. Empieza en el comunismo y termina en los movimientos revolucionarios que lindan con el terrorismo.

    Hay que reparar en la importancia práctica que tiene todo esto. No es que estas doctrinas sirvan para estudiar alguna pieza suelta o algo así. Son decisivas. Por ejemplo (página 7, punto 5, perspectiva decolonial y antirracista), “Se incorporan en el relato del nuevo museo, para estructurarlo, tanto la colonialidad del ser, como la del saber, la del poder y la colonialidad global”. Estas “colonialidades” son creaciones de los pensadores citados. Es decir, las ideas de los autores de la izquierda dura no son puramente filosóficas. Entran en el museo, lo organizan, y se transmiten a los visitantes.

    Un caso especialmente relevante es el de Aníbal Quijano, algunas de cuyas ideas -en especial la colonialidad del poder- se aceptan de forma explícita y particularmente destacada en la nueva museografía. Que el Museo de América ponga en un lugar central para estructurar su exposición a un autor marxista que propugnaba la “revolución socialista” no deja de ser algo que parece poco conveniente.

    Se podrá decir que la nueva museografía utiliza las ideas de los autores muy conocidos en la antropología. El Museo pecaría, paradójicamente, de conservadurismo, ya que se va a lo más asentado. Pero el Museo de América no es un museo antropológico, y menos de una escuela antropológica que esté más o menos difundida en la especialidad. Se dice una y otra vez que los museos deben ser pluridisciplinares. Y parece entrar en el reino de lo evidente que el Museo de América no puede olvidar (por lo menos) la historia, y mucho menos si adopta un relato colonialista que, por definición, es un relato histórico.

     

    2.- La participación.

    Pese a todo, hay que reconocer que hacer una museografía de izquierda dura es humanamente comprensible. Si se le pide a un jesuita que haga la museografía del Museo de América todo el mundo sabe el tipo de discurso que cabría esperar. Uno, lógicamente, tiende a mostrar aquello en lo que cree. Y entra dentro de lo comprensible que el equipo de Sumar haga el tipo de relato museográfico que es propio de Sumar.

    Precisamente por eso es fundamental la participación. Es esencial abrir las ventanas para que entre un nuevo aire. Eso es lo que permite darse cuenta de que nuestra perspectiva no es la única. 

    Y la falta de participación es precisamente la crítica fundamental que se puede hacer al proyecto museográfico. Se ha elaborado una museografía de partido. No se ha pedido la opinión de nadie. La propuesta es la de un grupo que tiene una ideología determinada.

    La justicia obliga a decir que esto no es en absoluto habitual en el Museo de América. Su newsletter mensual muestra un museo activo, inquieto, siempre proponiendo cosas. No es un museo ni sectario ni fanático. Organiza exposiciones y actividades que son interesantes para todo el mundo. Siempre puede haber algún acto más cómodo para unas sensibilidades más incómodo para otras, como por otra parte es lógico. Pero en general es un museo bien gestionado que hace lo que tiene que hacer.

    La justicia también parece obligar a decir que en todo esto ha habido un acierto: suscitar la cuestión de la museografía del Museo de América. Aunque sea, lo que no deja de ser una opción, para dejarla como está. Ante el debate internacional sobre el colonialismo y sus consecuencias, es perfectamente legítimo mantener que España no tuvo colonias en América, cosa que sostienen muchas personas con sólidos argumentos. Entre otros, el comparativo. Si el Virreinato de Nueva España era una colonia también lo era el Virreinato de Nápoles y otras posesiones españolas en el extranjero, con las consecuencias que eso tiene. Si tenemos que descolonizar en el Museo de América, también lo tendríamos que hacer en el Prado y en unos cuantos más.

    El error ha sido comunicar una decisión acabada en vez de abrir un debate. Un debate amplio que afecta a la propia idea de descolonizar, que el Museo da por supuesta tal vez demasiado rápidamente. No está nada claro que lo sucedido en América sea lo mismo que lo acaecido en Africa en el siglo XIX, que es lo que solemos entender por colonialismo. Y, tal vez, estamos importando un debate que aquí no tiene sentido. Acaso vestimos una moda que no es la nuestra. Pero en todo caso lo importante es el debate. Pues en vez de un debate tenemos una museografía marxista que trata de imponerse sin discusión alguna.

    Desde luego, no es aceptable que en la museografía del Museo de América se tenga en cuenta a Aníbal Quijano, pero no a la Real Academia de la Historia de España, por ejemplo. El mejor estudio sobre el tesoro de los Quimbaya, que para algunos podría ser ejemplo de colonización, es el que ha hecho la Academia Colombiana de la Historia. Pues la opinión del mejor experto sobre una de las piezas más importantes del Museo no se tiene en cuenta en la reformulación de su museografía.

                 

    3.- La alternativa.

    La falta de participación es muy difícil de entender. Nos gastamos millones, pero millones, en instituciones que investigan. Y luego, para hacer algo concreto y práctico que afecta a cientos de miles de personas como es una museografía, no se les pide opinión. Es al margen de que no hay documento en el que no se proclame y se reitere que el museo está abierto a todos, que es un espacio participativo y de diálogo. Menos si se trata de hacer la museografía, parece que habría que añadir.  

    Tal vez sea porque, como hemos apuntado, se sabe que hay voces que van a decir lo que no se quiere oír: España nunca tuvo colonias en América. Parece que el criterio político que se adopta como punto de partida es que sí hubo colonias y por tanto hay que descolonizar. Parece no desearse que encima de la mesa se pongan leyes y pruebas que puedan demostrar lo contrario. Mi verdad, la necesidad de descolonizar, es la verdad y hago una museografía a su servicio.

    No creo que el planteamiento tenga mucho recorrido. Una museografía de partido puede, y hasta probablemente debe, ser revocada por el siguiente grupo que ocupe el Ministerio de Cultura precisamente por eso, por ser una museografía partidista. Pero incluso aunque las inercias retrasen el cambio, el debate va a surgir -está surgiendo ya- en cuanta reflexión se haga a partir de ahora sobre el Museo. Y desde luego la museografía por el hecho de estar instalada no va a evitar que haya voces que digan que lo que se relata no es verdad.

    Tal vez el nuevo Reglamento de Museos, actualmente en tramitación, debería establecer expresamente que los procesos de renovación museográfica deben ser públicos y participativos. Mientras tanto, la museografía del de América podría anticipar este criterio. E incluso podría ir más allá, haciendo algo hasta ahora inexplorado: publicar las opiniones vertidas en el proceso participativo, al menos las que así lo soliciten y las participativas. Porque ahora cuando algo se somete a consulta la web del Ministerio informa de este hecho, pero no de sus resultados. Se nos dice que hay una propuesta para cambiar tal cosa y que se pueden mandar opiniones. Pero se mantiene el silencio sobre las que se envían. El único que las conoce es el Ministerio.

    Creo que nadie dudará acerca del hecho de que sería magnífico un debate público sobre el enfoque museográfico de la exposición americana y sobre la existente o inexistente colonización. Ya tenemos un punto de partida, un documento base, que es el que se ha elaborado y presentado. Ese documento puede someterse a información pública y ser enviado expresamente a algunas instituciones particularmente relevantes invitándoles a participar, entre ellas las Academias de Historia de España y América. Y luego las opiniones se publican. Eso nos daría una perspectiva completa de las diferentes concepciones que pueden tenerse acerca de lo que sucedió en América y cuál es la museografía adecuada para explicar esa realidad.

    En definitiva, la museografía del Museo de América no puede construirse desde una sola ideología ni silenciando voces relevantes. Un museo nacional exige pluralidad, transparencia y participación institucional abierta. La mejor forma de honrar la complejidad del pasado y la diversidad del presente no es imponer una narrativa, sino abrir un debate riguroso, con las mejores fuentes, las distintas sensibilidades y el máximo respeto por la verdad histórica. Solo así un museo podrá cumplir su función: no adoctrinar, sino iluminar.

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    Muñeca formada por un cuerpo cilíndrico cubierto parcialmente con cuentas de vidrio. Estas frágiles muñecas, como en otros pueblos africanos, no son creadas como objetos de divertimento, sino que las niñas y adolescentes las utilizan como símbolo de fertilidad que propiciará su futura maternidad, un aspecto de suma importancia en las sociedades tradicionales africanas. Las cuentas de vidrio se obtenían a través de los intercambios comerciales de esta zona de África con otros países al otro lado del Océano Índico. La tira de cuero con grandes cuentas de vidrio insertadas que se ubica en la parte superior de la cabeza serviría para llevar la muñeca colgada de la cintura, como se acostumbra en otras culturas africanas.

    Dos muñecas similares, recogidas en Sudáfrica también por el médico austriaco Emil Holub (1847-1902), se conservan en el Staatliches Museum für Völkerkunde, Munich y en el Quai Branly, París.

    Inventario CE4132.

    Clasificación Genérica. Objetos rituales.

    Objeto/Documento. Muñeca.

    Materia/Soporte. Caña. Cuero. Corteza de calabaza. Vidrio. Fibra vegetal.

    Técnica: Ensartado.

    Dimensiones. Altura = 23,50 cm; Anchura = 6 cm.

    Datación. 1801-1900 (Siglo XIX).

    Contexto Cultural/Estilo. Ngwato.

    Lugar de Producción/Ceca. Botswana (África Austral, África).

    Lugar de Procedencia. Botswana (África Austral, África).

    Esta figura, con brazos articulados unidos al cuerpo con tiras de fibra, forma parte del contexto cultural Fang. Sus proporciones nos recuerdan a los byeri o guardianes de las reliquias de los antepasados, aunque estos están tallados en un sólo bloque de madera. Su objetivo es diferente a él del byeri, ya que nunca fue creado para ser sujetado a la caja con los restos del antepasado, sino que guardado de forma oculta a la mirada de las mujeres, hace su aparición al final de las ceremonias dedicadas a los antepasados para anunciar que está a punto de terminar. Esta figura recibe el nombre de Niamodo, en lengua Fang, y su naturaleza expresiva es acentuada por los grandes ojos, hechos con discos de metal reciclado. La barba de fibra, el tocado con plumas y los genitales articulados que completarían la figura no se han conservado.

    Inventario CE1255.

    Clasificación Genérica; Escultura; Objetos rituales.

    Objeto/Documento: Figura.

    Nombre Específico: Niamodo.

    Tipología/Estado: Antropomorfa.

    Materia/Soporte Figura: Madera. Ojo: Metal. Cuerda: Fibra vegetal. Pigmento negro.

    Técnica: Tallado-Pintado.

    Contexto Cultural/Estilo: Fang.

    Lugar de Producción/Ceca: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Lugar de Procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Recolección, Sorela Guaxardo-Faxardo, Luis. En el año 1886 el entonces Teniente de Infantería de Marina Luis Sorela Guaxardo-Faxardo (1858-1930) estaba destinado en Guinea Ecuatorial y fue comisionado para preparar una misión científica que recorriera la costa occidental africana y conocer la organización de los establecimientos coloniales que tenían instalados algunas naciones europeas, recogiendo una importante colección de objetos etnográficos.

    Vasija de cerámica elaborada a mano con limo mezclado con arena y cocido en horno abierto, donde la pieza, en muchos casos, entra en contacto directo con el fuego dejando su huella en la superficie del objeto. La vasija formaba parte del ajuar doméstico de alguna de las casas abandonadas en la región de Nubia que fueron anegadas al construirse la presa de Asuán. La población de la zona tuvo que abandonar sus tierras y pueblos para trasladarse a otros lugares, dando origen a la fusión e integración de diferentes agrupaciones tribales.

    Inventario CE3920.

    Clasificación genérica: ajuar doméstico.

    Objeto/Documento: vasija.

    Materia/Soporte: arcilla rojo.

    Técnica: modelado.

    Dimensiones: altura 18 cm; diámetro = 22 cm.

    Datación: 1901-1964 (siglo XX).

    Contexto Cultural/Estilo: Nubio.

    Lugar de producción/Ceca: Egipto (África del Norte, África).

    Lugar de procedencia: zona de Korosko y Adindan, Nubia (región) (África del Norte, África).

    Recolección Almagro Basch, Martín. Entre los años 1961 y 1964 el arqueólogo y prehistoriador Martín Almagro Basch (1911-1984) fue nombrado por la UNESCO Director del Comité Español para el Salvamento de Nubia, cuya finalidad era recuperar los monumentos del Egipto faraónico en la zona de Korosko y Adindan antes de que fueran anegados por la construcción de la Presa de Asuán. Durante el tiempo que duraron las distintas campañas Martín Almagro recolectó diversos materiales etnográficos.

    Instrumento en forma de martillo que utiliza la población árabe para trocear el azúcar de los moldes de pilón. El consumo del té se convierte así en parte de un ritual ceremonial que se celebra en compañía de la familia y de otros invitados.

    Inventario CE8510.

    Clasificación genérica: ajuar doméstico; preparación, conservación y consumo de alimentos.

    Objeto/Documento: martillo.

    Nombre Específico: Maksra.

    Materia/Soporte: hojalata, cobre, latón.

    Técnica: fundición, grabado.

    Dimensiones: altura 3,50 cm; longitud = 24 cm; anchura = 12 cm.

    Contexto Cultural/Estilo: Saharaui.

    Lugar de producción/Ceca: Sahara Occidental (África del Norte, África).

    Lugar de procedencia: Sahara Occidental (África del Norte, África).

    Máscara ngontang que se lleva sobre la cabeza y se completa con un vestido de fibras. Las máscaras ngontang representan entre dos a cuatro caras y hacen su aparición en la cultura Fang después del contacto con los occidentales. En muchos casos, se reproducen los rasgos físicos de los europeos, claramente visibles en el peinado, en la representación de bigotes o en el tipo de nariz. Estas máscaras hacían su aparición con motivo de ceremonias familiares o comunales. El color blanco de la máscara alude al sentido funerario de la misma, estando en relación con los antepasados que acudían a visitar a los vivos.

    Inventario CE11058.

    Clasificación Genérica: objetos rituales.

    Objeto/Documento: máscara.

    Nombre específico: Ngontang.

    Materia/Soporte: madera, fibra de rafia, pigmento.

    Técnica: tallado, pintado.

    Dimensiones. Fibra vegetal: longitud 39 cm. Máscara: altura 36 cm; diámetro 36 cm.

    Datación: 1901-1948 (primera mitad del siglo XX).

    Contexto Cultural/Estilo: Fang.

    Lugar de producción/Ceca: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Lugar de procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Recolección, Panyella Gómez, Augusto (en el año 1948 el etnólogo Augusto Panyella Gómez (1921-1999) participó en una expedición organizada por el Instituto de Estudios Africanos con el fin de recoger diversos materiales para el Museo de África).

    Cruz de mano que el sacerdote lleva durante las ceremonias y procesiones. De pequeño tamaño, tiene diversas funciones: sirve para bendecir durante la liturgia o a la entrada del monasterio y al finalizar el rito es ofrecida para ser besada por los fieles. Se utiliza en la liturgia cotidiana con excepción del sábado, del domingo y de los días festivos, días en los que se utilizan las cruces procesionales. La placa rectangular del extremo inferior del vástago podría ser una representación simbólica bien del tabernáculo (arca de la alianza) o bien de la tumba de Adán.

    Inventario CE19608.

    Clasificación genérica: objetos rituales.

    Objeto/Documento: cruz.

    Materia/Soporte: latón.

    Técnica: calado, grabado.

    Dimensiones: altura 27,50 cm; anchura 12 cm.

    Contexto cultural/Estilo: Amhara.

    Lugar de producción/Ceca: Etiopía (África Oriental, África).

    Lugar de procedencia: Etiopía (África Oriental, África).

    Recolección, Negrete, Joaquina (durante el tiempo que el médico Jesús Garzón Barriuso (1926-2006)

    estuvo trabajando para la Organización Mundial de la Salud en Addis Abeba (Etiopía), su mujer, Joaquina Negrete, reunió una importante colección de cruces coptas).

    Tambor de madera. La música siempre ha tenido un importante papel en las sociedades africanas como medio de transmisión del conocimiento y para la celebración de acontecimientos individuales o colectivos. Las diferentes etapas del ciclo vital de una persona (nacimiento, adolescencia, matrimonio y muerte) están a menudo marcadas con música y danza, al igual que algunos rituales dedicados a los antepasados. Los tambores también son utilizados para transmitir mensajes de un lugar a otro, a distancias que pueden ir de una docena de metros hasta varios kilómetros, para llamar a los cazadores a la caza, a los guerreros a la guerra, o para anunciar la llegada de forasteros al poblado.

    Inventario CE11132.

    Clasificación genérica: instrumentos membranófonos.

    Objeto/Documento: tambor.

    Nombre Específico: Ngom.

    Materia/Soporte: madera, piel, fibra vegetal.

    Técnica: tallado, curtido.

    Dimensiones: altura 34 cm; diámetro de la boca 29 cm.

    Contexto Cultural/Estilo: Okak.

    Lugar de Producción/Ceca: Akalayong (Centro-Sur (GUE, provincia), Región continental).

    Lugar de Procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Collar usado por los hombres de la cultura fang. Aunque estos conocían la forma de extraer el hierro de los recursos naturales, para la fundición del bronce requerían de la materia prima procedente de los deshechos de las factorías coloniales ya que no sabían extraerlo directamente de la naturaleza. Se trabajaba en la fragua del mismo modo que el hierro. A estos collares o torques se les denomina ngos en lengua fang y consisten en pesadas argollas con decoraciones incisas que se convierten en las piezas más importante de la orfebrería fang. Por lo general se cerraban a golpe de martillo sobre el cuello del portador.

    Inventario CE20095.

    Clasificación genérica: adorno personal; metalistería.

    Objeto/Documento: collar.

    Materia/Soporte: bronce.

    Técnica: fundición.

    Dimensiones: altura 6,50 cm; diámetro 20 cm; grosor 0,30 cm.

    Contexto cultural/Estilo: Fang.

    Lugar de producción/Ceca: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Lugar de procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Pectoral denominado Ktef que forma parte del traje de desposada sefardí de Marruecos, también llamado de berberisca, a pesar de ser el traje español del siglo XV y que utilizaban los judíos en tiempos de su expulsión. La novia lo vestía en la ceremonia de paños que se celebraba el día antes de la boda. Se utilizan para cubrir el pecho sobre la apertura de la camisa o corpiño interior, debajo de la chaqueta o gombaiz. Generalmente están desprovistos de la parte posterior y se sujetan con cintas cruzadas a la espalda y atadas a la cintura. Los bordados, que los cubren por completo, se ajustan a patrones de dibujos muy variados. La pechera junto a la chaqueta es una de las partes más ricas del traje.

    Inventario CE11767.

    Clasificación genérica: indumentaria religiosa.

    Objeto/Documento: pectoral.

    Materia/Soporte: oro, tela.

    Técnica: bordado, tejido.

    Dimensiones: longitud 32 cm; anchura 40 cm.

    Datación: 1801-1900.

    Contexto Cultural/Estilo: judío, África del norte.

    Lugar de producción/Ceca: Marruecos (Magreb, África del norte).

    Lugar de procedencia: Marruecos (Magreb, África del norte).

    Tocado, en forma de casco semiesférico y adornado con pasta vítrea, del grupo étnico fang, proveniente de Guinea Ecuatorial. Algunos pueblos africanos acostumbran a afeitarse amplias zonas de la cabeza para formar dibujos o bien a dejarse el pelo largo, trenzado y adornado con cauris, cuentas de colores o botones. Entre los hombres y mujeres fang esos complicados peinados eran sustituidos, en ocasiones, por tocados que los imitaban hasta tal punto que era difícil distinguirlos de aquéllos. Este tipo de gorros o tocados estaban elaborados con piel de mono, cabra o cordero, como sucedía en el caso de los más antiguos, pero también se hacía uso de la fibra como soporte al que se cosían finas cuerdas de fibra de ananá teñidas de negro, con las que se entretejían trenzas que, apretadas unas junto a otras y adornadas con cauris, botones o flecos de las cuerdas a las que se insertan cuentas de colores, daban la apariencia de un peinado.

    Inventario CE11685.

    Clasificación Genérica: Prendas de cabeza; Objetos de estatus y/o poder; Indumentaria complementos.

    Objeto/Documento: Tocado.

    Materia/Soporte: Fibra vegetal, Metal, Pasta vítrea.

    Técnica Trenzado: Cosido.

    Dimensiones: Altura = 16 cm; Anchura = 14 cm; Profundidad = 21 cm. Colgante: Longitud = 62 cm.

    Contexto Cultural/Estilo: Fang.

    Lugar de Producción/Ceca Guinea Ecuatorial: (África Central y Ecuatorial, África).

    Lugar de Procedencia Guinea Ecuatorial: (África Central y Ecuatorial, África).

    Figuras antropomorfas masculinas denominadas byeri. Los byeri son esculturas de madera relacionadas con el culto a los antepasados entre los pueblos de la etnia fang (Guinea Ecuatorial). Los fang creen que los cráneos y huesos de sus antepasados conservan parte de su poder, por lo que guardan sus restos óseos en cajas sobre las que colocan figuras antropomorfas que actúan de protectores frente a las influencias malignas. Los byeri eran realizados según un ritual específico, que incluía la abstinencia sexual del escultor antes de iniciar su elaboración. Después de talladas, las figuras se ennegrecían y se cubrían con aceite de palma. Una vez terminadas se colocaban en un lugar de honor en la casa familiar. Desde el punto de vista formal los byeri tienen características comunes. Todos los byeri tienen un largo vástago en la parte posterior para ser insertados en las cajas con los restos óseos; su cuerpo es alargado y las extremidades cortas; la prominencia del ombligo simboliza la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual; y la expresividad de la mirada se refuerza con aplicaciones de cobre que producen una viva impresión cuando se refleja la luz en la oscuridad. Además de su función como "guardianes de las reliquias", los byeri eran consultados sobre los acontecimientos más importantes de la vida de la comunidad y participaban periódicamente en rituales colectivos. Rituales en los que las figuras se engalanaban con penachos de plumas, tobilleras de bronce, o collares de cuentas de colores.

    Inventario CE830, CE947, CE1047, CE1120, CE11789.

    Máscaras yelmo con varias caras que significan para los lega (República Democrática del Congo) la propiedad de una larga vista, representando al cazador de elefantes, que a su vez mira hacia atrás solicitando ayuda. Generalmente las representaciones de enmascarados se celebraban con motivo de los ritos de paso de la adolescencia a la edad adulta y su visión fuera de la celebración estaba regulada y restringida por una serie de normas rituales. El enmascarado cubría su cara con la máscara y el resto del cuerpo con tejidos y fibras de forma que ningún rasgo de su constitución física pudiese revelar su identidad.

    Inventario. CE2000/2/15. Clasificación Genérica: objetos rituales; escultura. Objeto/Documento: máscara. Materia/Soporte: madera, fibra vegetal, fibra de rafia, pigmento. Técnica: tallado, policromado. Dimensiones: fibra vegetal longitud 30 cm; máscara altura 37 cm, anchura 30 cm, profundidad 24 cm. Contexto Cultural/Estilo: Lega. Lugar de Producción/Ceca y de procedencia: República Democrática del Congo (África Central y Ecuatorial, África).

    Máscara de madera pintada, que representa a un hipopótamo. Utilizada por los jóvenes cabaro en ritos de iniciación de los bijago (Guinea Bissau) donde hacen su intervención cubiertos por la máscara para ocultar su identidad. Máscaras de este tipo han sido fotografiadas en rituales donde aparecen acompañadas de bastones sobre los que el bailarín apoya los brazos para representar y ejecutar los movimientos del baile. Las mascaradas de los bijago se celebran en diferentes momentos del ciclo vital, tanto para hombres como para mujeres. Las máscaras que representan animales marinos se contraponen a las que representan animales terrestres simbolizando el mundo de la cultura bijago basado en la economía tanto marítima como terrestre. Hay diferentes grupos de edad que forman parte de diferentes rituales de iniciación. Los adolescentes (cabaro), forman parte de uno de los siete grupos de edad en los que se divide la población masculina, mientras que la femenina se divide sólo en cuatro. Las máscaras usadas por los hombres se utilizan principalmente en dos grupos de edad, el canhocá de doce a diecisiete años y el cabaro de dieciocho a veintisiete años. Después de la iniciación, el nuevo adulto (camabi), entre los veintisiete y los treinta y cinco años, abandona el traje festivo de su edad anterior y pasa a ser oficialmente reconocido como adulto. Nunca más participarán en mascaradas, abandonando su máscara.

    Inventario. CE11877.

    Clasificación Genérica. Objetos rituales; adorno personal.

    Objeto/Documento. Máscara.

    Materia/Soporte. Madera, pigmento rojo.

    Técnica. Tallado, pintado.

    Dimensiones. Altura 29 cm; anchura 33 cm; profundidad 65 cm.

    Contexto Cultural/Estilo. Bijago.

    Lugar de Producción/Ceca. Guinea Bissau (África Occidental, África).

    Lugar de Procedencia. Guinea Bissau (África Occidental, África).

    Olla de barro. Las mujeres fang (Guinea Ecuatorial) son quienes realizaban las cerámicas a mano para sus necesidades de ajuar doméstico y para el almacenamiento y cocción de los alimentos. La técnica consistía en ir superponiendo en espiral rollos de barro que formarían las paredes del cacharro. Después de alisado y secado era sometido a la cocción en una simple hoguera, sin uso del horno, por lo que al no alcanzarse las temperaturas necesarias que le dan al barro la resistencia necesaria, estas resultaban frágiles y de corta duración. Los trabajos de alfarería se realizaban siempre colectivamente y al frente de los mismos figuraba una mujer que dirigía la búsqueda del barro y la cocción. Tradicionalmente todas las mujeres del poblado eran ceramistas excepto las que por causa de algún tabú especial no pudieran formar parte del trabajo. Las antiguas prohibiciones que debían guardarse para poder tomar parte en la extracción del barro, modelado de las piezas y posterior cocción eran, entre otras, no tener la menstruación, no estar embarazada de menos de cuatro meses, y haber dormido con hombre la noche anterior a la búsqueda del barro. La rotura de las ollas simbolizaría la transgresión de algunas de esas prohibiciones que con el tiempo incidirían en la desaparición de esta costumbre.

    Inventario CE11712.

    Clasificación genérica. Ajuar doméstico.

    Objeto/Documento. Olla.

    Materia/Soporte. Arcilla.

    Técnica. Modelado, cocción.

    Dimensiones. Altura 26,50 cm; longitud 28 cm; anchura 26,60 cm.

    Datación. 1901-1948 (primera mitad del siglo XX).

    Contexto cultural/Estilo. Fang.

    Lugar de producción/Ceca. Guinea ecuatorial (África central y ecuatorial, África).

    Lugar de procedencia. Guinea ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Estas figuras forman parte de la costumbre yoruba de representar a gemelos masculinos y femeninos, o del mismo sexo. La alta frecuencia en el nacimiento de gemelos en la cultura yoruba dio origen a la elaboración de este tipo de tallas por las que se buscaba la protección en caso de que uno de los gemelos muriese, dada la creencia de que los gemelos comparten la misma alma. Para equilibrar el alma del que quedaba vivo y la protección de la familia, las madres les dedicaban los mismos cuidados que a sus hijos, lavándolos, alimentándolos, igual que a su hermano o hermana en vida. Estas figuras reflejan la alta cifra de nacimientos múltiples que, al principio, no eran bien recibidos en la cultura yoruba, ya que se relacionaban con una especie de mono, siendo matados después del nacimiento. Esta costumbre que se remonta, según algunos autores, al siglo XVI cambiaría por el culto a los gemelos, momento en el que se empiezan a elaborar estas imágenes, bajo la dirección del sacerdote del culto a Ifa. Los ibeji pasaron entonces a ser considerados semidioses y su nacimiento se relacionaba con un incremento de la fortuna familiar.

    Inventario CE19974-CE19974. Clasificación Genérica: objetos rituales. Objeto/Documento: figura. Nombre específico Ibeji. Tipología/Estado: antropomorfa. Materia/Soporte: madera. Técnica: tallado. Dimensiones: altura 30 cm; longitud 6,50 cm; anchura 6 cm. Contexto cultural/Estilo: Yoruba. Lugar de producción/Ceca Oyo (Nigeria, África Occidental). Lugar de procedencia: Nigeria (África Occidental, África).

    Recipiente, vasija y lámpara de barro provista de pie. En la cultura Yoruba, estos objetos probablemente se utilizaba en ceremonias rituales del culto a Ifa, para presentación de ofrendas en los altares dedicados a los antepasados. Inventario CE693, CE694 y 694CE.

    Los yoruba que siguen el ritual dedicado a la diosa Ifa utilizan este tipo de altares, que en ocasiones se han confundido con pequeños asientos, para colocar sobre ellos las bandejas con las que se procedía al ritual de adivinación. La figura principal porta en las manos un recipiente con tapa donde se guardaban las nueces de kola que arrojadas sobre la bandeja de adivinación servían para leer el futuro. Las tallas de los yoruba se destacan por los cuerpos de formas redondeadas, por el uso de la policromía y porque en ocasiones se decoran con marcas sobre el rostro que se corresponden con las escarificaciones, costumbre cultural de los seguidores del culto a Ifa. Otros investigadores opinan que este tipo de tallas no son representación de dioses o madres de la tierra, ni nada parecido, sino que simplemente son representaciones generalizadas de madres con niños.

    Inventario CE758. Clasificación Genérica: mobiliario religioso, escultura. Objeto/Documento: altar. Materia/Soporte: madera, pigmentos blanco, negro, rojo, rosa. Técnica: tallado, pintado. Dimensiones: altura 37 cm, longitud 21,50 cm, anchura 20 cm. Datación 1801-1900 (siglo XIX). Contexto cultural/Estilo: Yoruba. Lugar de producción/Ceca y de procedencia: Nigeria (África Occidental, África).

    Arpa o Ngombí, procedente de Guinea Ecuatorial, realizada a partir de una pieza de madera tallada de forma trapezoidal, con mango en forma de cabeza femenina pintada de blanco con los ojos formados con fragmentos de espejo.

    Está relacionada con el mbweti, culto sincrético que se extiende a partir de 1930 y en el que se encuentran elementos cristianos y creencias tradicionales de los fang. Consiste en un viaje, durante el sueño de los iniciados, al país de dios y de los antepasados, provocado por el consumo de una droga alucinógena.

    Los elementos figurativos se incorporan al cuerpo del instrumento que a veces cumple la función de relicario. En África subsahariana los instrumentos musicales se utilizan con una finalidad ritual y social. Músicos profesionales se encargan de explicar en largas recitaciones historias y cuentos de su pueblo, utilizando para ello instrumentos como el arpa o el xilófono.

    Inventario CE11108. Clasificación Genérica: instrumentos cordófonos. Objeto/Documento: Arpa. Nombre específico: Ngombí. Materia/Soporte: madera, cuero, fibra vegetal, espejo, pigmento. Técnica: tallado, pintado. Dimensiones: altura 49 cm; anchura 11 cm; profundidad 8 cm. Contexto cultural/Estilo: Fang. Lugar de producción/Ceca: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África). Lugar de procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

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    Se trata de altares simbólicos, denominados "asen" en los que se representan las ofrendas que los vivos deben dedicar a los difuntos para reafirmar su pertenencia a la familia y solicitar su protección. Los difuntos pueden aportar ayuda o consejos, pero también pueden vengarse si se sienten abandonados. Las ceremonias funerarias varian en función de la edad, del sexo o del estatus del fallecido. Estos objetos cumplen la función de altar simbólico de ofrendas, en los que las formas más habituales son las de cono invertido, formado por barillas de metal sobre las que descansa un disco o plato metálico. Estos objetos se colocan junto a las ofrendas materiales y los regalos recibidos por la familia en el momento de las celebraciones que marcan el paso del alma del difunto al otro mundo. En algunos casos la complejidad de la iconografia hace referencia al prestigio social de la familia.

    Fichas CE4090-CE4019.

    Recipiente de forma globular realizado a partir de una calabaza, usado para contener agua. La perforación de dos orificios en la parte superior, uno más grande para la entrada del agua y otro más pequeño para la salida del aire, permiten su llenado mediante la inmersión. Procede de Liberia. La calabaza, en sus múltiples variedades, por su fácil obtención y sin variar apenas la forma natural del fruto, ha sido tradicionalmente utilizada para cubrir las necesidades de ajuar doméstico en muchas culturas africanas subsaharianas. La forma del fruto determina su posterior uso que está relacionado principalmente con las necesidades domésticas, pero también con fines rituales. Las que tienen forma de botella, a veces decoradas con grabados o pirograbados, se utilizan para conservar y ofrecer el vino de palma, tradición que mantienen los dignatarios con motivo de importantes reuniones sociales, mientras que las que se forman con algunas secciones del cuerpo de la calabaza se utilizan como recipientes para alimentos o como cucharas. CE19644. Clasificación genérica: ajuar doméstico. Objeto: botella. Componentes correa (1); calabaza (1). Materia/Soporte. Botella: corteza de calabaza; cuerda: fibra vegetal. Técnica botella: pulido; cuerda: trenzado. Dimensiones: altura, 29,50 cm; diámetro 20 cm. Contexto cultural/Estilo: África occidental. Lugar de producción/Ceca y de procedencia: Liberia (África occidental, África).

    Saco de viaje denominado tazufra, utilizado por los grupos nómadas del Sahara Occidental en sus traslados, para guardar todo el equipamiento doméstico, que se coloca sobre las grupas de los camellos aseguradas con tiras de cuero. La casi totalidad de los productos manufacturados eran realizados por un artesano llamado ma´lim (majarrero) y por su mujer en un sencillo taller montado en la parte delantera de su jaima, nombre que recibe la tienda donde reside una familia. Estos artesanos, tanto por sus orígenes inciertos como por su especialización laboral manual, no eran muy considerados y ocupaban los puestos más bajos de la escala social junto con los bardos o iggawin. El hombre llevaba a cabo los trabajos de carpintería, orfebrería, platería y herrería, mientras que la mujer realizaba los trabajos textiles y de cuero. La piel se obtenía de los camellos, de las ovejas o de las cabras y después de curtidas se grababan, pintaban y cosían. Además de la tazufra otros trabajos en cuero eran el asurme o almohada, el lemsar asurme o saco para guardar los utensilios para la preparación y el consumo de té, así como diversos tipos de odres.

    Inventario. CE8655.

    Clasificación genérica. Transporte.

    Objeto/Documento. Saco.

    Nombre Específico. Tazufra.

    Materia/Soporte. Cuero; pigmento.

    Técnica. Curtido, cosido, tintado.

    Dimensiones. Longitud 112 cm; anchura 45 cm.

    Datación. 1901=1960 (siglo XX).

    Contexto cultural/Estilo. África del Norte.

    Lugar de Producción/Ceca. Sahara occidental (África del norte, África).

    Lugar de Procedencia. Sahara occidental (África del norte, África).

    Jarra de cerámica utilizada para el transporte y almacenaje de leche, e incluso de manteca o miel. También denominada abukal. Fue fabricada en la cabila de Bocoia, en la provincia de Alhucemas (Marruecos). La cerámica bereber, grupo étnico autóctono de Marruecos, se caracteriza esencialmente por estar realizada a mano por las mujeres en centros o núcleos rurales y con una técnica muy primitiva y rudimentaria. La tipología cerámica está compuesta por una amplia variedad de objetos con una finalidad esencialmente doméstica: la preparación y el almacenaje de alimentos. Generalmente la decoración se realiza a base de diseños monocromos de tipo geométrico, que a veces incluyen representaciones esquemáticas de la figura humana.

    Inventario CE8747.

    Clasificación Genérica: Preparación, conservación y consumo de alimentos.

    Objeto: jarra. Nombre específico: Abukal.

    Materia/soporte: arcilla, pigmento.

    Técnica: modelado, bruñido, engobe, pintado, cocción.

    Contexto cultural/estilo: bereber.

    Lugar de producción/Ceca: Cabila de Bocoia (Alhucemas (provincia), Taza-Alhucemas-Taunat).

    Lugar de procedencia: Alhucemas (provincia) (Taza-Alhucemas-Taunat, Marruecos).

    Máscara Dugn´be para el baile. La máscara es un elemento sagrado utilizado sólo en el ritual de iniciación de los muchachos bijago (Guinea Bissau), donde se incluía la circuncisión, cuando éstos pasan de la adolescencia al mundo de los adultos, con todos sus derechos y obligaciones y encargados de conservar la tradición y el equilibrio social. La máscara sirve para ocultar la identidad y, entre los bijago, la que representa a un toro les atribuye su fuerza y vigor.

    Inventario CE11093

    Clasificación genérica: objetos rituales; adorno personal.

    Objeto/Documento: máscara.

    Nombre específico: Dugn´be.

    Materia/soporte: madera, fibra vegetal, pigmento.

    Técnica: tallado, pintado.

    Dimensiones: altura 38 cm; anchura 45 cm; profundidad 37 cm.

    Datación: 1951=2000 (Siglo XX).

    Contexto cultural/Estilo: Bijago.

    Lugar de Producción/Ceca: Guinea Bissau (África Occidental, África).

    Lugar de procedencia: Guinea Bissau (África Occidental, África).

    Bandeja de forma circular tallada en madera, cuyo borde tiene decoración geométrica y la representación esquemática de una cara. Este tipo de bandejas son usadas por los yoruba para la adivinación en el culto a Ifá. Esta bandeja sirve al babalawo, ritualista y adivino, del culto a Ifa para descifrar el mensaje de los dioses que son consultados por los yoruba cuando se ha de tomar una decisión individual o colectiva importante. En el borde de la bandeja está representado Eshu, mensajero de los dioses, cuya figura se colocará en el lado opuesto al del adivino. El adivino comienza el proceso de adivinación colocando polvo de madera sobre la bandeja y arrojando dieciséis nueces de palma o una cadena de adivinación. Las arcas y líneas trazadas en la misma serán leídas, abriendo los cauces de comunicación entre lo tangible y lo intangible, lo que permite la comunicación con los espíritus.

    Inventario CE4412. Clasificación genérica: objetos rituales. Objeto/Documento: bandeja. Nombre específico: Opon Ifa. Materia/Soporte: madera. Técnica: tallado. Dimensiones: diámetro 30 cm. Iconografia: en borde de la bandeja: Eshu; (Eshu es un dios yoruba intermediario entre los dioses y los humanos). Contexto Cultural/Estilo: Yoruba. Lugar de producción/Ceca: Porto-Novo (Quémé provincia, Benín). Lugar de procedencia: Benín (África Occidental, África).

    Las figuras en posición frontal que sujetan el juego lo hacen con las manos, las dos centrales, mientras que las cuatro laterales "mujeres", lo hacen con la cabeza; todas ellas están de rodillas. La decoración es geométrica en relieve muy plano e incisiones. El colorido empleado es el rojo y verde oscuro.

    El juego, llamado akong o awale, consiste en 2 hileras de 6 casillas, parecido al juego de damas y se encuentra por amplias zonas del continente. Puede ser según el área geográfica de diversos materiales, de madera o de caña hueca, dividido en dos calles paralelas con diferente número de casillas. Para algunos estudiosos este juego reproduce a escala la vida social del poblado en el que las dos hileras paralelas de chozas de un poblado se corresponden con las hileras del tablero de juego. El juego consiste en llenar las casillas con el mayor número posible de fichas, reflejo de la preocupación por la fecundidad y el aumento de la prole en la casa familiar. Pierde el jugador que se queda con menor número de fichas en las casillas.

    Inventario CE930.

    Clasificación genérica: actividades lúdicas.

    Objeto/Documento: juguete.

    Nombre específico: Akong.

    Materia/Soporte: madera.

    Técnica: tallado.

    Contexto cultural/Estilo: Yoruba.

    Lugar de producción/Ceca: Nigeria (África Occidental, África).

    Lugar de procedencia: Nigeria (África Occidental, África).

    Instrumento musical procedente de Guinea Ecuatorial, realizada por el grupo étnico ndowe en el siglo XX. La sanza es un instrumento musical de origen africano que consta de una tabla sobre la que se disponen lengüetas de madera, hierro o bambú, de número y longitud variables. La tabla suele ir sobre una caja de resonancia de madera o de calabaza para la amplificación del sonido.

    Este instrumento se clasifica dentro de la categoría de los idiófonos, cuyo sonido se produce por la vibración de un material elástico (madera, caña o hierro) sin necesidad de un dispositivo de tensión. Los idiófonos más utilizados en diversas culturas de África subsahariana son la sanza, la campana, el sonajero, el xilófono o balafón, el sistro, etc.

    Las diferentes etapas del ciclo vital de una persona están a menudo marcadas con música y danza, y para ello hay canciones de cuna, canciones para juegos infantiles y canciones para los ritos de iniciación, frecuentemente acompañadas de instrumentos como el arpa o la sanza.

    Inventario CE11689.

    Clasificación genérica: instrumentos idiófonos.

    Objeto/Documento: Sanza.

    Materia/Soporte: madera, técnica, tallado.

    Dimensiones: longitud 46 cm; anchura 21,50 cm; profundidad 9 cm.

    Datación: 1901=2000 (Siglo XX).

    Contexto cultural/Estilo: Ndowe.

    Lugar de producción/Ceca: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Lugar de procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Campana usada por los bubi de Fernando Poo, denominada bi-leebo. Instrumento dentro de la categoría de los idiófonos, cuyo sonido se produce por la vibración de un material elástico, madera, caña o hierro, sin necesidad de un dispositivo de tensión. Los más utilizados en diversas culturas de África subsahariana son: la sanza, la campana, el sonajero, el xilófono o balafón, el sistro, etc.  Es utilizada por el boeloelo (persona con poder) en rituales para combatir el mal o el dolor. Campana con decoración geométrica y en cuyo centro figura la espiral, alusiva a su cosmogonía. Se coge fácilmente con la mano del mojiarismo, u oficiante, el cual la purifica con agua de mar y con una hoja de una planta llamada ludago. Después convoca al espíritu, mientras que con soplos o pasando la campana por encima de la cabeza del paciente intenta calmar sus males.

    Inventario: CE11812

    Clasificación Genérica: instrumentos idiófonos.

    Objeto/Documento. campana.

    Materia/Soporte: madera.

    Técnica: tallado, grabado.

    Dimensiones: altura 40 cm; anchura 26,50 cm; profundidad = 10,50 cm.

    Contexto Cultural/Estilo: Bubi.

    Lugar de Producción/Ceca: Bioko (isla) (Región insular GUE, Guinea Ecuatorial).

    Lugar de Procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    Navaja de afeitar, procedente de la República Sudafricana, fabricada en el siglo XIX y utilizada por los zulúes de África austral (CE663). La hoja tiene forma lanceolada con la punta roma, siendo más ancha por la base. El mango es también de metal y terminado en una anilla. En una de las caras y en la base de la hoja están decoradas por seis radios hechos con puntos incisos, que se unen donde empieza el mango. Muestra la costumbre en muchas culturas africanas subsaharianas de eliminar el vello facial y corporal con fines relacionados tanto con la higiene como con la estética.

    Inventario: CE663.

    Clasificación genérica: aseo e higiene personal.

    Objeto/Documento: navaja.

    Materia/Soporte: metal.

    Técnica: fundición.

    Dimensiones: altura 14,50 cm; anchura 3 cm; profundidad 1,20 cm. Hoja: longitud 9 cm; anchura 3 cm.

    Mango: longitud 5 cm; anchura 0,70 cm.

    Datación: 1801=1900 (siglo XIX).

    Contexto Cultural/Estilo   Zulú

    Lugar de producción/Ceca: República de Sudáfrica (África Austral, África).

    Lugar de procedencia: República de Sudáfrica(África Austral, África).

    Recolección, Holub, Emil. Emil Holub (1847-1902), explorador, médico, cartógrafo, zoólogo y botánico austriaco recorrió gran parte del continente africano, llegando a reunir una colección de más de 13.000 objetos de diversa naturaleza que se encuentran repartidos por diversos museos europeos.

    Cinturón formado por bandas trenzadas con trocitos de concha de caracol (Strombus bubonius) que usan los bubi de la isla de Bioko (Guinea Ecuatorial) como amuleto para malograr y ahuyentar al espíritu maligno, expulsándole de su portador. A estas bandas, de diferentes anchos, se las denomina ipa. El uso de este tipo de brazaletes, cinturones y tobilleras se ha convertido en un signo identificativo de los bubi, quienes los llevan también asociado a su valor monetario.

    Inventario CE1147.

    Clasificación Genérica: adorno personal; indumentaria complementos.

    Objeto/Documento: cinturón.

    Materia/Soporte: fibra vegetal; cuenta: concha de molusco.

    Técnica: ensartado.

    Dimensiones: longitud 41 cm; anchura 11 cm; grosor 1,20 cm; perímetro 64 cm.

    Contexto Cultural/Estilo: Bubi.

    Lugar de Producción/Ceca: Bioko (isla) (Región insular (GUE), Guinea Ecuatorial).

    Lugar de Procedencia: Guinea Ecuatorial (África Central y Ecuatorial, África).

    En 1933 Ortiz Echagüe vendió 217 copias en papel al Museo del Traje Regional e Histórico, que pronto, en 1934, se convirtió en el Museo del Pueblo Español. José Ortiz Echagüe tenía tan solo dieciséis años cuando en 1903 realiza su primera fotografía de género: Sermón en la aldea. Con esta obra inaugura lo que sería una producción de escenas costumbristas que se caracteriza por un gusto por la puesta en escena y la anécdota, el cuidado de la composición y una exigente precisión en su representación de las tipologías populares. Las fotografías de Ortiz Echagüe son las más importantes de cuantas existen sobre indumentaria tradicional española. Muestran los trajes en el entorno para el que fueron creados. Son trajes, además, utilizados realmente en la vida cotidiana de las localidades fotografiadas.

    Los originales están hechos siempre en blanco y negro. Junto a ellas aparece la fotografía coloreada.

    En 1942 el fotógrafo madrileño Jesús García Férriz (1900-1988), bajo el sello "Férriz, fotógrafo industrial" -sobre todo se dedicaba a edificios-, realizó diversas fotografías por encargo del Museo del Pueblo Español. Su fin era el de documentar todos sus fondos y completar los ficheros y el archivo de la institución. Posiblemente muchas de estas imágenes se utilizaron después para ilustrar las publicaciones editadas por el museo. 

    Con motivo de la boda real de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes de Orleáns, celebrada en enero de 1878, las Diputaciones Provinciales enviaron a Madrid grupos de paisanos que, ataviados con los trajes característicos de cada lugar, cantaban y bailaban en las calles y ante los reyes. Aprovechando la ocasión, se encargó al fotógrafo Jean Laurent la realización de una serie de fotografías de los grupos y de las parejas con el fin de mostrar su indumentaria. Esas fotos se conservan en el Museo del Traje y en otros museos.

    Las fotos originales son siempre en blanco y negro. En ocasiones han sido coloreadas con programas especializados.