Imagen. Retrato de Galba (o Vespasiano). Museo Arqueológico de Sevilla. Imagen José Luiz Bernardes Ribeiro. 

Como dice el Museo Arqueológico Nacional, El retrato fue un elemento esencial de la cultura romana y una de sus grandes contribuciones artísticas. Fue la imagen del poder, de aquellos que rigieron los destinos del Imperio, pero mostró también la dimensión humana de sus habitantes, del ciudadano. Su uso se extendió por todas las provincias del Imperio y representó a todas las clases sociales, desde el patricio al liberto, desde el senador al magistrado de una pequeña ciudad provincial. Hombres, mujeres y niños fueron esculpidos, siguiendo los dictados de modas establecidas en la capital del Imperio por la corte imperial, para perpetuar su memoria y construir la romanidad, la pertenencia a la cultura de Roma.

La acogida entusiasta dispensada por las élites provinciales al retrato no fue solo producto de una moda, sino toda una actitud que justificaba la preminencia social de los novi homines, adheridos al nuevo régimen político implantado por Roma y a su programa ideológico e iconográfico.

Ello explica que coexistieran los retratos importados con los autóctonos. El retrato, sin duda, no fue una imposición de Roma.

Retrato de Lucius Verius, Museo Nacional Arqueológico de Tarragona (MNAT 387). Imagen oficial del emperador que se difundió por todo el Imperio, partiendo de un prototipo creado en Roma por un escultor oficial y realizado, probablemente, en un taller local. El rostro, aunque evidentemente presenta los rasgos inconfundibles del emperador, responde al mismo tiempo al estereotipo de ideal de belleza del momento.

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