En sus Instituciones del arte cristiano, escribe el abate Pascal: «Se pinta á los ángeles de dos maneras, ó de cuerpo entero ó sola la cabeza, pero siempre con alas. A veces están desnudos, á veces vestidos. El traje ya es un traje guerrero, propio para el combate, ya un traje pacífico, es decir, una túnica blanca con cinturón flotante. Su vestidura está enriquecida con pedrerías, pero siempre tienen los piés desnudos. Se les hace llevar una espada flamígera, ó una cruz é instrumentos de la Pasión, ó un arpa y otros instrumentos de música, ó bien cetros ó varas, ó también incensarios. Estos diversos modos gráficos están inspirados en la Sagrada Escritura ó en la tradición. Los libros sagrados nos los muestran, en efecto, constantemente bajo la forma humana en todas sus apariciones. La figura de los ángeles, que se limita á una cabeza alada, nos la dicta la razón, que nos muestra en estos espíritus una elevada inteligencia, cuyo asiento está en la cabeza. Las alas designan la rapidez de estos mensajeros, sobre los cuales no puede pesar la materia, puesto que son espíritus puros.»

Los ángeles figuran frecuentemente en los edificios civiles y religiosos de la Edad Media. El remate de las flechas de madera, forradas de plomo, ó la extremidad de los caballetes, de los tejados, de los ábsides, estaban coronados con figuras de ángeles de cobre ó de plomo, que tocaban la trompeta, ; y, por la manera como estaban dispuestas sus alas, servían de veletas. Se les veía también en lo más alto de las torres ó en los ángulos de los campanarios. En las construcciones civiles, los ángeles estaban representados con divisas ó blasones; y en los muebles servían á menudo de soportes.

Según las ideas de los bizantinos, el triple poder militar, civil y religioso está representado en el cielo por los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En Occidente, el más popular era San Miguel. Tenía frecuentemente un altar en una torre de la iglesia, y la consagrada á él era generalmente la mayor. Las primeras torres estaban destinadas á servir de fortificaciones, y no es extraño que fuesen puestas bajo la guarda del jefe de la milicia celestial.

San Miguel desempeña un papel muy importante en las escenas del juicio final, esculpidas en los pórticos de las iglesias; su atributo es la balanza, en la que pesa las almas. En los bajorrelieves de la Edad Media se ve casi siempre al diablo tratando de hacer bajar el platillo en que está el alma. San Miguel está representado también frecuente¬ mente en su lucha con los ángeles rebeldes, á los que muestran las miniaturas perdiendo su forma de ángeles, al caer del cielo, para tomar la de animales horribles.

“Cristo sostenido por un ángel”, Alonso Cano.

En los monumentos figurados del siglo XII al XIV se ve algunas veces á la religión cristiana bajo los rasgos de una reina recibiendo en un cáliz la sangre que corre del costado de Cristo; los arcángeles Miguel y Gabriel tienden también un cáliz, donde cae la sangre que corre de las manos. A menudo se ve también junto al Salvador dos ángeles que llevan el sol y la luna.

El diablo no figura jamás en los monumentos cristianos más antiguos. En los manuscritos griegos de la primera época, las escenas que representan la resurrección no nos muestran más que á los espíritus celestiales; pero después del siglo VIII ya se le ve con mucha frecuencia. Una Biblia latina del siglo IX nos muestra entre sus miniaturas al ángel del mal hablando con Job, que está sentado sobre las ruinas de su casa. Tiene nimbo y lleva alas como los ángeles, pero se le ven ya uñas ganchudas; la cabeza no tiene señal de cuernos.

Desde el siglo XI el diablo aparece en los capiteles de las columnas de las iglesias; y, á medida que se hace más frecuente, el arte le da formas más extrañas y más horrorosas. Unas veces aparece bajo la forma de un animal monstruoso, otras bajo la de un hombre horrible y con cola terminada á menudo en cabeza de serpiente.

El arte de la Edad Media aplicó algunas veces al diablo la idea de la Trinidad, y lo figuró en tres personas. Pudiendo el alma humana conocer, desear y realizar el mal, y siendo el diablo el mal absoluto, como Dios es el bien absoluto, se le dió tres caras. En algunas miniaturas vemos al diablo sentado y coronado, con un cetro ó una espada: el óvalo de su cabeza presenta en sus dos contornos una cara de perfil como Jano, pero con otra cara de frente en medio.

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