- Lo que no es un tema. Los seres humanos tendemos a considerar las cosas según nuestras experiencias anteriores. Cuando llegamos a la oposición, hemos vivido en la educación escolar y universitaria bajo un modelo en el cual los materiales de estudio tienen un principio y un final claramente definidos. Hay un libro, un manual, o unos apuntes, que hay que saberse. Todo está ahí, en un conjunto limitado de hojas. Se empieza por la portada y se termina por la contraportada: el saber, o más bien lo que hay que saber, está perfectamente delimitado.
Probablemente esta es la razón por la cual tiende a sobrevalorarse muchísimo la importancia de los temas en el mundo de las oposiciones. Después de tantos y tantos años acostumbrados a un modelo, tendemos a creer que todo sigue siendo igual; que también aquí habrá en algún lugar un conjunto delimitable y definible de cosas que hay que saberse
Pero en muchos casos, y en especial en el subgrupo A1, no suele así: temas y materia que debe dominarse son segmentos que no coinciden necesariamente. Porque los tribunales de oposiciones no son desde luego profesores que dictan apuntes o publican manuales: su única verdad es toda la materia definida por el programa y no un resumen de la misma que es, en definitiva, lo que es un tema.
Supongamos que el tribunal va a elaborar las preguntas de test del primer ejercicio sobre, por ejemplo, función pública. Para hacerlo, lo que tendrá en cuenta es la normativa sobre función pública. No considerará en absoluto lo que diga un tema sobre función pública, sino lo que dice la normativa sobre función pública. Así, lo más probable, por no decir seguro, es que haya preguntas cuya respuesta viene en la normativa pero no en el tema porque el tema, insistimos, no es más que un resumen de una materia, pero no la materia.
Probablemente esta es la razón por la cual tiende a sobrevalorarse muchísimo la importancia de los temas en el mundo de las oposiciones. Después de tantos y tantos años acostumbrados a un modelo, tendemos a creer que todo sigue siendo igual; que también aquí habrá en algún lugar un conjunto delimitable y definible de cosas que hay que saberse
Pero en muchos casos, y en especial en el subgrupo A1, no suele así: temas y materia que debe dominarse son segmentos que no coinciden necesariamente. Porque los tribunales de oposiciones no son desde luego profesores que dictan apuntes o publican manuales: su única verdad es toda la materia definida por el programa y no un resumen de la misma que es, en definitiva, lo que es un tema.
Supongamos que el tribunal va a elaborar las preguntas de test del primer ejercicio sobre, por ejemplo, función pública. Para hacerlo, lo que tendrá en cuenta es la normativa sobre función pública. No considerará en absoluto lo que diga un tema sobre función pública, sino lo que dice la normativa sobre función pública. Así, lo más probable, por no decir seguro, es que haya preguntas cuya respuesta viene en la normativa pero no en el tema porque el tema, insistimos, no es más que un resumen de una materia, pero no la materia.
- La utilidad del tema. Solamente en un sentido en el cual los temas son útiles. Por decirlo gráficamente, hay que considerarlos como el barro que cada uno ha de moldear. Como el punto de partida, no el de llegada. Como la base, la materia prima; pero no como la obra terminada. Es el principio de la pieza cerámica, y no la pieza de cerámica en sí.
Esta es la filosofía desde la cual se elaboran los temas. Que nadie espere piezas definitivas. Muchísimo menos puede esperarse en los temas una especie de receta infalible. No incorporan ni por asomo un contenido en virtud del cual, solamente por sí mismo, se pueda aprobar la oposición.
Lo que los temas intentan hacer es exponer los elementos básicos de la materia de la que tratan. Se opta por lo elemental, por lo simple. Y no se pretende otra cosa: ser el punto de partida, no el de llegada. Casi sería bastante más descriptivo llamarles materiales básicos que temas.
Esta es la filosofía desde la cual se elaboran los temas. Que nadie espere piezas definitivas. Muchísimo menos puede esperarse en los temas una especie de receta infalible. No incorporan ni por asomo un contenido en virtud del cual, solamente por sí mismo, se pueda aprobar la oposición.
Lo que los temas intentan hacer es exponer los elementos básicos de la materia de la que tratan. Se opta por lo elemental, por lo simple. Y no se pretende otra cosa: ser el punto de partida, no el de llegada. Casi sería bastante más descriptivo llamarles materiales básicos que temas.
¿Cuál es el punto de llegada entonces?
El que define cada forma de examen, cada ejercicio en concreto. Donde los temas tienen mayor utilidad es en el examen oral, sobre todo si se han preparado correctamente test y práctico. El test o el práctico requieren el manejo de normativa y documentación complementarias. En contra de lo que parece, eso no significa que haya que hacer un esfuerzo inabordable. Frecuentemente es mucho más fácil hacer un estudio comprensivo que un estudio memorístico. Cuando se maneja información complementaria se suele entender mucho mejor el tema y por ello se retiene mucho mejor. Los temas memorísticos se olvidan, hay que repasarlos una y otra vez, pero los temas comprendidos permanecen, porque se tienen conceptos. Además, cuando un tema se ha ampliado normalmente el volumen de datos que se tiene es mayor, y por eso el olvido de varios es menos significativo ya que siempre, con las ideas y los datos que conozcamos, el tema se podrá exponer correctamente. Estudiar temas e información complementaria no es estudiar más: es estudiar mejor.
Hay que dosificar el esfuerzo pero sobre todo mantenerlo. Lo que transforma el barro en la pieza de cerámica es sobre todo el ritmo. El mantenimiento constante de un ritmo constante es, con mucha diferencia, el factor clave en una oposición. Los materiales de partida, los temas, son lo de menos. Si se mantiene el ritmo, siempre se descubren cosas nuevas, siempre hay nuevos datos que se van transformando en una red de conocimientos y conceptos que normalmente desembocará en el éxito.
Lo esencial es que quede claro el papel, muy limitado, que tienen los temas. Cuentan muy poco en comparación con otros elementos muchísimo más importantes en las oposiciones. Sobre todo frente a la capacidad de mantener un ritmo organizado, que es el elemento crucial. Los temas son sólo una parte de un proceso que comprende varios elementos. Y son una parte pequeña. Siempre el ritmo, las actitudes, y otros factores que nunca hay que descuidar suman en conjunto más, muchísimo más, que la disponibilidad de una información que, por sí misma, sólo sirve como base para avanzar.
El que define cada forma de examen, cada ejercicio en concreto. Donde los temas tienen mayor utilidad es en el examen oral, sobre todo si se han preparado correctamente test y práctico. El test o el práctico requieren el manejo de normativa y documentación complementarias. En contra de lo que parece, eso no significa que haya que hacer un esfuerzo inabordable. Frecuentemente es mucho más fácil hacer un estudio comprensivo que un estudio memorístico. Cuando se maneja información complementaria se suele entender mucho mejor el tema y por ello se retiene mucho mejor. Los temas memorísticos se olvidan, hay que repasarlos una y otra vez, pero los temas comprendidos permanecen, porque se tienen conceptos. Además, cuando un tema se ha ampliado normalmente el volumen de datos que se tiene es mayor, y por eso el olvido de varios es menos significativo ya que siempre, con las ideas y los datos que conozcamos, el tema se podrá exponer correctamente. Estudiar temas e información complementaria no es estudiar más: es estudiar mejor.
Hay que dosificar el esfuerzo pero sobre todo mantenerlo. Lo que transforma el barro en la pieza de cerámica es sobre todo el ritmo. El mantenimiento constante de un ritmo constante es, con mucha diferencia, el factor clave en una oposición. Los materiales de partida, los temas, son lo de menos. Si se mantiene el ritmo, siempre se descubren cosas nuevas, siempre hay nuevos datos que se van transformando en una red de conocimientos y conceptos que normalmente desembocará en el éxito.
Lo esencial es que quede claro el papel, muy limitado, que tienen los temas. Cuentan muy poco en comparación con otros elementos muchísimo más importantes en las oposiciones. Sobre todo frente a la capacidad de mantener un ritmo organizado, que es el elemento crucial. Los temas son sólo una parte de un proceso que comprende varios elementos. Y son una parte pequeña. Siempre el ritmo, las actitudes, y otros factores que nunca hay que descuidar suman en conjunto más, muchísimo más, que la disponibilidad de una información que, por sí misma, sólo sirve como base para avanzar.